17 oct. 2013

TEXTO PARA COMENTARIO.

¿Para qué sirve la literatura?
Lo que sigue es parte del diálogo entre un periodista de la televisión y el escritor portugués José Saramago, durante una reunión de diputados del grupo de la Izquierda Unitaria Europea, realizada en Lanzarote el 20 de abril de 1997.
– ¿Para qué sirve la literatura? –le preguntó el reportero.
– Para nada –contestó Saramago.
Desconcertado porque aquella respuesta no venía de una persona cualquiera sino de uno de los novelistas más notables de nuestro tiempo –dos años después recibiría en Estocolmo el premio Nobel de literatura-, un hombre que, además, ha dedicado su vida al ejercicio honesto y pulcro de las letras, el entrevistador no se dio por vencido e insistió:
–Pero, ¿por qué para nada? ¿No resulta extraño que un maestro como usted, el autor de El año de la muerte de Ricardo Reis, Manual de pintura y caligrafía, Alzado del suelo, Casi un objeto, Viaje a Portugal, Memorial del convento, La balsa de piedra, Historia del cerco de Lisboa, El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres, afirme que la literatura no sirve para nada?
–Para nada –confirmó Saramago. Y agregó–: Tome usted las obras literarias más notables, las de Occidente si quiere, que son las más cercanas a nosotros; tome las que mejor hayan puesto el dedo en la llaga de la miseria humana, las que con mayor alarma y agudeza hayan advertido acerca del peligro que representa para el mundo nuestra especie; tome usted, por ejemplo, las tragedias de Sófocles, la Comedia de Dante, El Quijote, los dramas y tragedias de Shakespeare, las novelas de Kafka, Tolstoi, Dostoievski, Musil, Camus, Sartre, las que quiera, y estará de acuerdo conmigo en que ninguna de esas obras –ni todas ellas en conjunto- han logrado cambiar un ápice la historia de la barbarie humana.
–Muy bien, señor Saramago –aceptó el periodista-. Demos por cierto lo que afirma. Entonces, dígame ¿para qué escribe?
–Ese es otro cuento –dijo Saramago-. Si bien es cierto que la literatura no ha servido para cambiar el curso de nuestra historia, y en ese sentido no abrigo ninguna esperanza con respecto a ella, a mí sí me ha servido para querer más a mis perros, para ser mejor vecino, para cuidar las matas, para no arrojar basura a la calle, para querer más a mi mujer y a mis amigos, para ser menos cruel y envidioso, para comprender mejor esa cosa tan rara que somos los humanos.
Cuánta razón tiene Saramago. Convengamos con él en que la literatura no sirve para cambiar el mundo, pero sí para otras muchas cosas esenciales. A diferencia de otras disciplinas también muy útiles (la geometría, la química, etc.), la literatura (como arte) es consustancial al ser humano. Las artes alimentan nuestro espíritu y forman parte de nosotros mismos.

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